Probablemente uno de los términos más utilizados en los negocios es “estrategia”, el concepto es tan valioso por sí mismo que los devaluamos al utilizarlo para justificar cualquier cosa que puede ser justificado sin utilizarlo, esto es, devaluamos el concepto al sobre utilizarlo, entonces decimos que algo es “estratégico” para decir que es importante, urgente o ambos, o simplemente que es “estratégico” porque no tenemos otra manera de soportar un proyecto o una idea y entonces usamos esta palabra mágica para que los demás lo acepten bajo pena de no tener un pensamiento “estratégico”.
El concepto “estrategia” tiene tantas acepciones incluyendo el sin sentido. Intentaremos desmitificar el concepto para utilizarlo apropiadamente, algo estratégico no significa que lo visualicemos en 5 años o en períodos muy largos de tiempo, todo es relativo al negocio, al emprendimiento o las circunstancias, tendemos a darle el halo de estratégico a aquello cuyo horizonte de realización es tan lejano, que en ocasiones seremos incapaces de llegar hasta allá. Somos víctimas de teorías administrativas donde nos enseñaron que algo cercano es “táctico” y que algo lejano es “estratégico”. Lo “estratégico” tampoco tiene que ver con los niveles jerárquicos organizacionales, las palabras de los presidentes o directores de compañías en ocasiones pueden ser de lo más mundano y un operador de línea puede tener un pensamiento estratégico. Tampoco tiene que ver con los recursos asignados, podríamos asignar grandes recursos humanos y materiales a proyectos de poco valor agregado y viceversa.
Entonces, ¿cómo podemos aplicar la estrategia?, como ser estratégicos si no depende del tiempo, la jerarquía o los recursos.
El problema al que nos enfrentamos en cualquier organización o empresa, sin importar su tamaño, es que en ocasiones navegamos sin un destino definido o este es cambiante o difuso, entonces primero tenemos que definir el destino, el objetivo, una vez definido establecemos como aspiramos a lograrlo, a eso lo podemos llamar estrategia o proyectos, después estos se desdoblarán en acciones, tácticas, actividades o programas. Entonces llamaremos “estratégico” únicamente a aquello que tiene impacto directo y fuerte contribución al objetivo establecido, si no tiene una relación directa y no contribuye de manera relevante, entonces no es estratégico.
El dilema siempre presente es que nos enfrentamos a múltiples cursos de acción o posibilidades, entonces el pensamiento estratégico es el que nos ayuda a discriminar que haremos y que dejaremos de hacer, que hacemos primero y que hacemos después. Si buscáramos un sinónimo de estrategia, que no encontraremos en ningún diccionario, sería “priorización”, la acción de decidir sobre cosas más relevantes que otras, nuevamente, que hacemos y que dejaremos de hacer. Todos nos enfrentamos a la falta de recursos, sin importar el tamaño del emprendimiento o compañía, donde el más valioso de dichos recursos es el tiempo, entonces en lugar de hacer “poco de muchas cosas sin concluirlas” debemos de “hacer mucho de pocas cosas y terminarlas”. Representa un reto aplicar estos “intercambios” (“trade-off”), donde generalmente decidimos “que hacer” pero igualmente importante es decidir “que no hacer o dejar de hacer”. La acción de decidir de esta forma será nuestro pensamiento estratégico, la resultante es la estrategia.
Sergio Zardoni Galarza
Responsable de Planeación Estratégica en Grupo Herdez
Experto invitado



