Todos tenemos muchas formas de comunicarnos, de transmitir quienes somos, qué es lo que nos importa, en qué creemos. Comúnmente, somos cuidadosas con nuestra comunicación verbal. Es momento de poner atención a nuestra comunicación no verbal, parte importantísima de los mensajes que mandamos continuamente y que pueden reforzar o contradecir nuestro mensaje principal sin que nos demos cuenta. Veamos algunos ejemplos.
Nos guste o no, nuestra imagen tiene también un efecto en nuestra vida profesional. No me refiero a características físicas, moda y mucho menos a un tema de talla. Me refiero a que nuestra apariencia es un instrumento comunicador ineludible, poderoso, inmediato e irretractable. Cómo nos presentamos ante el mundo manda mensajes más claros que todo lo que podamos decir con la voz. Es entonces indispensable pensar en qué imagen reflejamos físicamente. Es decir, necesitamos ser conscientes del mensaje silencioso que mandamos con nuestras elecciones sartoriales. Esto no quiere decir que tengas que tener un guardarropa interminable, o de la última temporada o de diseñador o que todos los días tengas que pasar horas frente al espejo editando tu look. Absolutamente no. Pero sí te invito a que reflexiones si la imagen del espejo, comunica lo que quieres comunicar. Si refleja la mujer que eres o que quieres ser. ¿Quieres proyectar confianza? ¿Seguridad? ¿Creatividad? ¿Qué historia cuenta esa mancha de mostaza en tu manga? ¿O tus zapatos perfectamente limpios?
Otro transmisor poderosísimo es el lenguaje corporal. Cómo caminas, la posición de los hombros, los movimientos de tus manos, tus expresiones faciales le dan a tu interlocutor mucho más datos que lo que tiene tu presentación. ¿Qué quieres decir? En una negociación, ¿quieres que tu contraparte piense que tienes miedo? ¿o que tienes un as bajo la manga? En una entrevista, ¿qué sugiere tu postura? ¿que eres la candidata ideal o que estás poco preparada para el puesto?
En conversaciones más íntimas, el tacto y el espacio personal son también transmisor. Esto hay que usarlo con muchísimo cuidado, acortar distancia y tocar el brazo de alguien puede generar confianza y cercanía, o irrespeto y temeridad.
Y por supuesto, mi comunicador favorito, el contacto visual. La mirada, cómo y cuánto la sostienes, dice multitudes. Sostener la mirada puede generar una sensación de certeza, de claridad, pero también de agresión y reto.
Es interesantísimo observar lo que los líderes comunican sin palabras. Analiza a los Obama y la comodidad de sus movimientos, lo que decía Steve Jobs con su uniforme, lo que nos cuenta Macron con su ausencia de movimiento o la claridad y certeza de la mirada de Hillary Clinton. ¿Qué estás diciendo tu sin decir nada?
Claudia Luna
Fundadora y CEO de Think Pink



